El Campo base del Nanga Parbat es el paraíso que siempre me habían explicado. Y sin duda se trata del emplazamiento más agradable y humano de todos los campos en los que he sido hasta ahora, y lo digo ahora con la certeza de que ya por fin conozco los catorce campos bases de las montañas más altas del mundo.

De hecho, una de las cosas más excitantes de esta expedición es que nunca había estado en esta montaña y que casi todo es nuevo. Además, el acceso al CB es de los más rápidos que hay, y viniendo del Makalu, que tiene una de las aproximaciones más largas, se agradece de manera especial.

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Desde Islamabad se conduce por la famosa Karakorum Highway –la carretera que une Islamabad con la frontera china, una carretera que pasaría para ser simplemente comarcal en casa nuestra- durante catorce horas que se hacen muy pesadas hasta Chilas. El recorrido, parcialmente asfaltado, en gran parte remonta el gran río Indo por unos desfiladeros que hacen pánico, teniendo en cuenta que aquí ningún coche pasa la ITV y que los frenos son una parte esencial para no acabar dentro del agua y aparecer días más tarde flotante por el océano índico.

Desde el mismo Chilas, con dos días de marcha, eso sí, intensos, se llega al Camp base. La dureza viene dada por la intensa e infernal calor que se sufre sobre todo durante el primer día. Temperaturas de cuarenta grados a pleno solo ponen a prueba la resistencia térmica humana durante veinte y tres kilómetros de marcha.

Pero el destino final vale la pena. Cómo si llegaras al mismísimo paraíso, el Campo Base se establece en un prado precioso, de un verde como en el País Vasco, regado de preciosos requiebros: un oasis en medio del desierto, plantado al pie de los imponentes cuatro-mil metros que nos separan de la cumbre del Nanga Parbat. La blancura impecable de los heleros, el cielo de un azul metálico y el verde suizo, tienen la intensidad y la saturación de los dibujos de un niño. El contraste es enorme: el calor y la humanidad a los prados del Camp base con de una de las murallas más imponentes del planeta como telón de fondo. Por muchas montañas que hayas visto, la vertiente del Diamir del Nanga Parbat, echa atrás. Pero visto desde este precioso campo base, podríamos decir que la cosa se ve de otro modo.

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