Una de las cosas que más me fascinan de las películas que todos identificamos bajo la marca Hollywood, es que pese a que ya conocemos el final, las seguimos viendo con entusiasmo. El guión inicial del “chico conoce a chica” tiene siempre un final previsible, a pesar de todas las dificultades y las vicisitudes vividas, en forma de matrimonio o de amor eterno, con la imagen del beso final.

Algo parecido nos ha pasado este año, pero con un giro argumental final inesperado. Yo venía aquí con más incógnitas que nunca. Una nueva ruta, con esquís, en una montaña que no conocía, pero eso sí, con un equipo formidable, que queráis o no, también me ponía un poco de presión por querer estar a la altura de mis compañeros. No podéis imaginar la cantidad de dudas que he ido superando y aclarando durante estos veinte días. ¿Dónde están los peligros? Como superarlos? Cómo llegar al C1? Seré capaz de esquiar a más de 7000 m? Seremos capaces de superar el serac que el invierno detuvo a Simone Moro? Sabremos encontrar el camino adecuado? Habrá peligro de aludes? Y la parte final, por donde la superaremos? Y muchas más dudas y angustias que no tengo espacio para citar.

Pues nuestra película consistía en que un grupo de buenos amigos iban superando milagrosamente, y con eficiencia, todos estos obstáculos. De tal manera que el espectador, y también en mi caso, uno de los protagonistas, intuye que el final será el previsible: la tendencia hacia el éxito, la idea de que esta historia tendría que terminar bien sí o sí.

057-Arribant al C4

Pero ha habido un giro argumental final que nos ha estropeado el final feliz. El día 11 salimos del último campo, situado en un espectacular collado a 7400 metros de altura. Pero hacia las 6 de la madrugada, a casi unos 7800 metros de altura, y bastante cerca del Collado Bazhin, donde comienza la arista final que tan brillantemente escaló Herman Buhl en la que fue la primera ascensión del Nanga Parbat viniendo de la vertiente de Rakiot, el fuerte viento que venía aumentando progresivamente, nos hizo dudar. A pesar de estar visualmente cerca, todos sabíamos que aún nos quedaba mucho, y la arista se veía mucho más entretenida de lo que cabía esperar. Estas dudas, sumados al hecho de que el regreso es largo y comprometido, declinaron nuestra decisión: volver al Campo 4.

Una vez en el Campo 4 valoramos la posibilidad de quedarnos y volver a intentarlo al día siguiente. La verdad es que yo me encontraba muy cansado, o quizás notaba un poco demasiado la altura, o ambas cosas a la vez, pero el caso es que me asusté un poco y tenía claro que el día siguiente no estaría bien para subir .

En rutas como estas no te puedes bajar solo, así que Yannick y Hélias decidieron abandonar y bajar conmigo. Ese mismo día, al atardecer llegábamos al CB.

Como os podéis imaginar, al día siguiente yo me sentía un poco culpable. Quizás si hubiéramos esperado un día lo podrían haber conseguido. El caso es que el fuerte viento también persistente del día siguiente, lo hubiera vuelto a poner difícil, pero nunca se sabe.

056-A 1h de donar-nos la volta

Así que el final con matrimonio de nuestra película no ha sido posible. Pero sí puedo decir que ha sido una de las historias más bonitas de mi vida, con más sensación de aventura que nunca y sobre todo con un sentido de amistad que no se borrará nunca. Esta ha sido nuestra historia, sin matrimonio, pero con un gran beso final. Yannick y Hélias han demostrado que son colosales, como alpinistas y como personas.

Hoy Yannick se ha ido. Su tiempo se ha acabado. Su marcha me ha entristecido más todavía. Y yo, después de haberlo dado todo, me siento más vacío que nunca. Con Hélias decidiremos si intentamos o no la ruta normal. Cambiar de chip aquí cuesta mucho. Y supone empezar de cero, de nuevo, la idea de escalar el Nanga Parbat. No es nada fácil.