En parte se han desvanecido algunas dudas. En parte quedan todavía muchas para resolver. Pero el que es seguro es que, como alpinista, estoy viviendo la aventura más bonita de mi vida. O en todo caso tan especial como la de la ascensión al Gasherbrum IV.
Los últimos cuatro días son de aquellos para recordar, con todos los ingredientes que conforman la esencia de aquello que nos ha traído tantas veces aquí.
Nada hace que todo haya sido muy trepidante. De Islamabad a los 7.050 metros a los cuales llegamos el día 26, sólo han pasado ocho días. Todo ha ido muy deprisa, pero la intensidad del viaje ha tenido un paréntesis de cuatro días que nunca olvidaré, suba o no suba al Nanga Parbat. He tenido la sensación de vivir en un mundo aparte y que el tiempo transcurrido ha sido mucho más dilatado. Todo lo hace que hayamos ido en un lugar nuevo, casi virgen y muy alejado de toda por todas partes. Una verdadera aventura.

Serac
Porque este era nuestra idea: abrir una nueva ruta al Nanga Parbat, y hacerlo además con esquíes. Un proyecto que ya germinó en nuestras mentes hará un año, cuando Yannick,  Tom y yo subimos al Gasherbrum I. Y que finalmente se materializó al hacer el primer paso fuera del Camp Base.
La ruta ha sido intentada sin éxito varias veces, entre otros por Reinhold Messner y Simone Moro, pero sin llegar muy arriba. Los intentos más importantes los llevaron a cabo la francesa Elisabet Revol con un polaco, y unos años antes por una pareja de austríacos, llegando las dos cordadas casi al mismo punto, unos 7700 m. De hecho el último intento fue llevado a cabo por Simone Moro y Tamara Lunger este último invierno. Llegaron a uno de los puntos cruciales de la ruta, la gran barrera de seracs situada a unos 6100 metros y que no consiguieron de superar. Al descartar esta ruta, decidieron atacar la vía normal, la conocida como Kinshoffer, que había sido ya prácticamente equipada por mi amigo Alex Txikon y Ali Sadpara. Y cómo sabéis, las dos cordadas fueron las primeras a escalar el Nanga Parbat en invierno. Y de hecho, gran parte de la información que teníamos de esta ruta nos la proporcionó el mismo Simone.

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Estos cuatro días que hemos vivido en Yannick Graziani, el Hélias Millerioux, Tom Seidensticker y yo, me han proporcionado tantas vivencias que me serán necesarios muchos relatos. Hemos llegado a los 7050 metros. Hemos llegado con esquíes y desde aquella altura he hecho la bajada más espectacular de mi vida: desde los 7050 metros hasta el 4500, íntegramente con esquíes, con la excepción de dos tramos de diez metros.
Pero el más importante son los miedos que he superado, y que eran muchos. Sin miedos ni dudas no hay alpinismo, hay simple deporte. Y aunque nos quedan muchos para superar, os aseguro que estos días hemos hecho alpinismo del de verdad.